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Por:
profesor Gabriel Sánchez Díaz
1.- ¿Áncash o Ancash?
Esta palabra, en nuestros días, la usamos con frecuencia en los
lenguajes deportivo y turístico. Así lo comprueban los varios periódicos
y revistas que salen a diario o semanalmente.
Pero más se la usa en el lenguaje escolar, por autores que editan
colecciones, textos, atlas y mapas dedicados a los diversos niveles
educativos.
En su escritura, unos la atildan y otros no.
a) ¿A quiénes les asiste la razón en cuanto a la “atildación”?
Si tenemos en cuenta que la autoridad máxima del idioma español es la
Real Academia Española, así como las 21 Academias Correspondientes que
operan en el mundo, y, en vista también de que, al menos “en teoría”
proclamamos que “a la autoridad hay que respetarla”, debemos concluir
aceptando que “a este vocablo no le corresponde la tilde en su
escritura”.
Me pronuncio así porque las 22 mencionadas Instituciones académicas que
son las que han intervenido en la “preparación” del texto en la última
edición de la “Ortografía de la Lengua Española”, 1999, en el Capítulo
IV que trata de la “Acentuación”, han dispuesto de la siguiente manera:
“4.9. Acentuación de las palabras de otras lenguas”
“En las palabras de otras lenguas que, por su falta de adaptación a la
nuestra, las escribimos con letra cursiva o entre comillas (véase 2, 12)
así como en los nombres propios originales de tales lenguas, no se
utilizará ningún acento que no exista en el idioma a que pertenece.
Ejemplos: catering, Aribau, Windsor”.
(Los subrayados son del autor de este artículo).
b) Por tanto: A la palabra “Ancash”, así nos expongamos a leerla mal
(como aguda), principalmente los extranjeros, tenemos que escribirla sin
tilde, pues se cumplen en ella los requisitos señalados en la norma
expuesta, es decir:
1º
Pertenece a otra lengua (en este caso, aborigen);
2º Es nombre propio “original” en ese idioma; y
3º Los idiomas aborígenes del Perú no han utilizado para su propia
escritura ni los caracteres actuales españoles ni el acento gráfico: No
los conocían.
2. ¿Cómo escribe la Academia de la Lengua la palabra “Ancash” en sus
diversos Diccionarios?
a) En el “Diccionario de la Lengua Española” de 2001 (Vigésima segunda
edición) la escribe sin tilde, tanto en el gentilicio departamental
“ancashino” como en 8 de los 20 gentilicios provinciales que conforman
el respectivo departamento.
Ellos son “carhuacino”, “casmeño”, “coronguino”, “huailino”, “huaracino”,
“pallasquino” “pomabambino” y “yungaíno”, es decir, en un total de 9
veces. (No aparecen los gentilicios de las otras 12 provincias que no
han sido aquí mencionadas)
En cada uno de ellos, después de definir la respectiva voz, añade
“inmediatamente”: “Perteneciente o relativo a esta provincia del
departamento de “Ancash” (sin tilde), en el Perú.
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b) En el “Diccionario panhispánico de dudas”, 2005, no menciona tal
palabra ni como Áncash ni Ancash; y
c) En el
“Diccionario esencial de la Lengua Española, 2006, sólo cita tal
palabra, sin tilde, en los gentilicios “ancashino” y “huaracino”.
d) Voy a
añadir esta letra d) para referirme al “Boletín Nº 9”, pág. 115 de la
“Academia Peruana de la Lengua” editado en 1974, en el que, en una
relación que solicitó la Editorial Kapelusz de Buenos Aires, Argentina,
a nuestra susodicha Academia Peruana, sobre los gentilicios de todos los
departamentos y sus capitales, ésta le contestó escribiendo también
“Ancash” sin tilde, e, igual, procedió al referirse, en la pág. 4, a la
dirección domiciliaria de la Academia aquí en Lima (Ancash, 390) y a la
que correspondía a la Administración del Boletín (Ancash, 769), mejor
dicho, en ninguno de estos casos ha utilizado la tilde.
e) Siendo así, ¿en qué situación quedan las publicaciones que la han
usado y siguen usando? ¿Quiénes yerran: ellas o las Academias? ¿Cómo
debe actuar en estos y en otros casos parecidos un profesor de lenguaje
para enseñar o para corregir “objetivamente” a sus alumnos, sobre todo
en los Concursos?
3. Colaboración
No soy un “especialista en lenguaje”: sólo me puedo considerar un
“profesor aficionado” que ha pasado largos años de su existencia,
dedicados también largamente a la primaria, secundaria, superior y
postgrado con alumnos nacionales y extranjeros, pobres y ricos y en las
3 regiones tradicionales de nuestra Patria. Acepto las críticas y las
agradezco con sinceridad.
Pues bien: Mis libros más consultados seguramente han sido los
Diccionarios y, entre éstos los Académicos. En esta oportunidad, quiero
referirme a la edición vigésima segunda del Diccionario de la Lengua
Española, año 2005. De él, escojo 3 voces: iquiteño, cajabambino y
cabanista.
a). En “iquiteño” mencionaba en el texto escrito la palabra “Manaos” (
seguramente por “Mainas”) y decía que tal ciudad pertenecía al Perú.
Hoy, después de una intervención mía, ya la he visto “corregida” en
Internet, pero eso no significa que lo haya sido en el respectivo texto
escrito y tampoco dice que pertenece a la provincia de Mainas, del Perú.
b). En “cajabambino” dice que pertenece al departamento de La Libertad,
cuando es al de Cajamarca.
c). En “cabanista” la menciona como perteneciente a una “provincia” de
Ancash, lo cual no es así. Seguramente se refiere a Pallasca cuya
capital es Cabana.
Los Diccionarios académicos no disponen de “Fe de erratas” o algo
parecido; por eso sus correcciones “escritas” sólo salen después de
varios años. |