El voto facultativo
Carlos Hakansson Nieto(*)

La Constitución desde su origen promueve la libertad política, por eso no es extraño que el voto sea facultativo esté reconocido, salvo algunas excepciones, en los países con larga tradición democrática y difusores de las ideas de la separación de poderes y reconocimiento de los derechos y libertades. Por ese motivo, así como existe “un derecho a elegir” este debe complementarse con la opción a “no elegir” también se manifiesta en el deseo de no querer ejercer el derecho de participación, de mantener su independencia política, de querer vivir a espaldas al sistema o probablemente no compartir los ideales democráticos. Frente a todos estos casos que nos pueden sorprender, y dejar algo perplejos, debo decir que uno de los mayores atributos de la democracia es su capacidad para aceptar la autocrítica y cuestionamiento al propio sistema; por eso es el gobierno más tolerado por los ciudadanos. Esta reforma obligará a los gobernantes a tomar medidas que den prioridad a la lucha contra el analfabetismo, aproximar el Estado hacia aquellas zonas en las que la cordillera o la selva le impiden llevar salud, infraestructura y la educación cívica que lo involucre en las grandes decisiones, como es la de elegir a nuestros gobernantes. De lo contrario, la Constitución sólo será reconocida y vivida por la
Costa.
Considero que el voto facultativo también permite tomar el pulso a un proceso de transición democrática. Desde ese punto de vista, el ausentismo electoral posibilita evaluar el proceso de consolidación de las instituciones políticas, de los partidos y
el grado de conformidad con el sistema democrático. Como se hace en otros países, el porcentaje de ciudadanos que ejercen el derecho a no elegir se expresa en un dato que es sumamente indicativo para la clase política al momento de preparar sus propuestas; ello los obligará a presentar planes de gobierno más serios y mejor estructurados; cargados no sólo de “qué hacer”, sino más bien del “cómo hacerlo”.La finalidad de la política.

Si bien la legitimidad de origen, que es la que obtiene el ganador de una elección, es sin duda el valioso capital político, considero que no necesariamente está asegurado, o congelado, duramente todo un mandato presidencial: pienso que más
importante es mantener una legitimidad de ejercicio a través de un buen gobierno, un trabajo legislativo que convence, y una administración de justicia eficiente. Por ese motivo, es conveniente observar a los países que nos pueden ofrecer un buen ejemplo. Debemos darnos cuenta que en los países con tradición democrática resuelta es casi imposible que algún outsider aparezca de improviso en la contienda electoral y gane las elecciones a los grandes partidos. Un conjunto de personas en torno a un líder carismático de ocasión, con un partido improvisado, sin militantes identificados, sin ideología, sin presencia permanente en todo el país y carentes de una tradición democrática que los comprometa como legado a sus futuros militantes, es una formula que produce más daño que bienestar en una Nación.

Finalmente, el voto facultativo demandará la consolidación de los partidos, su presencia en los distritos electorales, la cercanía con sus representados, y que los ciudadanos tomen que la democracia es el sistema menos malo para la convivencia política. Dado que el voto ya no será obligatorio, los partidos no pueden perder presencia en todo el territorio nacional, por lo tanto buscarán más militantes, se organizarán mejor y se preocuparán en formar a sus políticos para presentar mejor a sus ciudadanos; de lo contrario, ellos no los votarán en las próximas elecciones. También se requiere un calendario de metas, donde cada cinco años se expongan a los ciudadanos los logros alcanzados y las tareas por cumplir para consolidar la democracia. No olvidemos que en nuestra historia republicana no hemos tenido más de tres gobiernos democráticos consecutivos.

Finalmente, de lo que se trata es de entender que el voto facultativo está en la línea de otras conquistas electorales, como el voto universal y secreto, sólo hace falta que sea plenamente libre. En realidad, la inversión económica provendrá de los
partidos debido a que necesitarán un cada vez mayor número de militantes con sus respectivas responsabilidades; además de un local con la infraestructura adecuada para tener actividad política y formar a su militancia. Todo ello dimensionará el ejercicio de la política peruana que se encuentra dispersa en demasiados partidos en el Congreso.
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(*) Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Piura

http://www.cnm.gob.pe/pdf/ponencias/HAK.pdf